Historia del sistema financiero Colombiano

Primera guerra mundial

La Primera Guerra Mundial tuvo una duración de cuatro años y unos meses. Previo a ese periodo, en 1899, Colombia se enfrascó en la que se llamó la Guerra de los Mil Días (1899-1902), una explosión de las diferencias políticas entre los dos partidos tradicionales (el Conservador y el Liberal) que marcarían la historia del país hacia el futuro. Este fue un conflicto que afectó el aparato productivo de la nación, que impactó de forma negativa su economía y que dejó a Colombia en un escenario geopolítico muy complejo tras concretarse, en 1903, la separación de Panamá.
Cuando se inició la guerra, el lento abandono de las inversiones alemanas e inglesas en Colombia hizo que la economía local entrara en crisis y evidenciara que no contaba con la preparación para el intercambio comercial con países desarrollados, de quienes era dependiente.

Al no tener un flujo de capitales de sus socios europeos, no contar con los bienes industriales que importaba y no encontrar compradores para su café, la economía nacional entró en dicha crisis con un ingrediente adicional y era que no existía una política cambiaria ni económica, pues no había un banco que las diseñara y ejecutara. Fracasaron dos intentos de crearlo con anterioridad: el Banco Central y el Banco Nacional, ambos a finales del siglo XIX.



En la nación había un papel moneda circulante de alrededor de 10.000.000 de pesos, dinero con el que también los empresarios realizaban sus negocios con los estados europeos. En medio del conflicto, la moneda comenzó a escasear. Por esto, José Vicente Concha Ferreira, el entonces presidente de la República, ordenó la emisión de unos bonos llamados Bonos de la Tesorería Nacional para que los ciudadanos pagaran sus impuestos y otros asuntos.
 


Esta escasez del papel moneda generó que el Gobierno empezara a incumplir los compromisos con sus empleados públicos y se tomaran decisiones tales como el despido de funcionarios y la paralización del gasto público que estaba representado, entre otros, en obras de infraestructura. Aunado a lo anterior y en palabras de Carlos León Gaviria Ríos, historiador de la Universidad de Antioquia, con estas medidas el Gobierno carga el costo de la guerra a la sociedad, pues también aumenta los impuestos como el de renta y la fabricación de bienes superfluos representados, por ejemplo, en naipes y cerillas.

Comenzó a sentirse en el comercio el desabastecimiento de algunos productos básicos como algodón, arroz, trigo, cacao y tabaco, que llegaban al país por vía de las importaciones. 

La primera guerra mundial trajo a Colombia graves dificultades económicas y financieras que no mejoraron con la llegada de la paz. En la época se emitía dinero sin control, cada banco hacía frente a sus necesidades de liquidez debido a que se carecía de un sistema formal de garantías y respaldo gubernamental. Ese desorden en materia financiera desencadenó en la crisis de 1922 que evidenció una escasez de medio circulante y la necesidad de dar estabilidad a la moneda y al crédito. Viendo el problema, el congreso expidió varias leyes y autorizó al gobierno para contratar una misión de expertos extranjeros para que asesoraran al país en la organización de la estructura monetaria y bancaria. 


Gran Depresión

El impacto de la crisis de 1929 sobre la economía colombiana debe juzgarse no solo en términos del colapso de los indicadores externos, sino, ante todo, en función de los cambios que se experimentaron durante las primeras décadas del siglo XX. Y que tuvo como antecedente el desarrollo y posicionamiento del modelo exportador cafetero, Los esfuerzos de industrialización desde finales del siglo XIX se consolidaron lentamente, gracias a la ampliación del mercado interno generado por la bonanza exportadora del café, la expansión de la red ferroviaria y la aún incipiente red de carreteras, logrando además impulsar una integración del mercado, dinamizando la interconexión vial entre los centros productivos y los puertos fluviales y marítimos, de modo que se logró una mayor presteza en el transporte del producto desde su centro de producción hacia los centros de acopio y posteriormente a puertos, superando las barreras geográficas y facilitando el proceso de comunicación en Colombia. 

Las instituciones económicas fueron transformadas en 1923 a raíz de las reformas de la misión Kemmerer, que en forma definitiva introdujo al país una organización bancaria y fiscal moderna. En consecuencia, el proceso de industrialización incidió sobre la estructura económica y social del país, donde la crisis internacional aceleraría procesos que ya estaban en marcha. Uno de los hechos más sobresalientes de la historia económica y social nacional lo constituyó la separación de Panamá y posterior indemnización por parte de Estados Unidos, lo que permitió un importante flujo de dólares; adicionalmente, el Gobierno en su afán de subsanar los efectos de la Guerra de los Mil días se enfocó en el proyecto de construcción de obras públicas, que fueron financiados con cuantiosos préstamos en el exterior utilizando la colocación de bonos, especialmente en la Bolsa de valores de NuevaYork.

 En efecto, esta entrada de capital fue una fuerza poderosa para estimular la demanda, pero a su vez, se evidenciaron dos importantes factores en el sector productivo, capaces de dinamizar la economía colombiana de la época: la expansión cafetera y la industrialización.

Gracias a la complementariedad entre el sector industrial, el sector eléctrico y del automotriz, entraron a Colombia las grandes innovaciones tecnológicas del siglo: la electrotecnia de potencia, los motores de combustión interna, la refrigeración, la ingeniería industrial, las computadoras, la electrónica, los combustibles del petróleo, las máquinas, herramientas convencionales y digitales, la tecnología mecánica, química y muchas más. La industrialización temprana requirió nuevos oficios y formó destrezas laborales en muchos tipos de trabajos humanos.

 (Poveda, 2005, 204). Poveda (2005, 223) señala que la manifestación de la industria en los decenios anteriores a la crisis se puede atribuir principalmente a los siguientes factores: • El aumento en la demanda agregada interna, debido al crecimiento del ingreso nacional per cápita, así como a la acelerada expansión cafetera y al incremento de las inversiones públicas. • La integración física del mercado nacional (expansión de las redes ferroviarias, aéreas, carreteables, telegráficas y fluviales). • La tecnificación de las ciudades que generó energía económica, versátil y disponible a toda hora para fábricas grandes, medianas y pequeñas. • Las políticas estimulantes y acertadamente proteccionistas a favor de la naciente industria del país.

Segunda guerra mundial


Las políticas anticíclicas llegaron en 1931 cuando el Gobierno de Olaya Herrera estableció el control de cambios, y se extendieron amplios créditos al Gobierno por parte del Banco de la República, y al sector privado con la creación del BCH, la Caja Agraria, y la Corporación Colombiana de Crédito. En el frente externo las reformas arancelarias de 1931 se tornaron fuertemente proteccionistas, favoreciendo los alimentos, los tejidos de lana, el cemento, y la cerveza, según Montenegro.

Pese a la severidad de los efectos de la Gran Crisis, el periodo en cuestión estuvo marcado por una impresionante recuperación industrial. Colombia registró en estos años la tasa de crecimiento industrial más alta de América Latina y también la más alta de su historia: 8,5 por ciento anual, según cálculos de Echavarría.

El motor de esta expansión industrial no fue tanto el crecimiento smithiano liderado por la demanda interna de antaño, sino la sustitución de importaciones: la apropiación de una demanda antes capturada por productores externos. La pronunciada caída de las importaciones de maquinaria después del 29 fue resultado del estrangulamiento externo.

Su lenta recuperación, sin llegar a los niveles pico de 1928, se volvió a enfrentar con las restricciones impuestas por el inicio de la Segunda Guerra Mundial y, asimismo, se vio agravada por un deterioro de los términos reales de intercambio.

Lo anterior influyó en los precios relativos haciendo que una buena parte de la inversión y los recursos fluyeran hacia la producción de bienes industriales que hasta entonces habían sido obtenidos en gran medida por la vía de las importaciones.

Si bien el crecimiento dentro del sector industrial continuó siendo dominado por los textiles, el calzado, las bebidas y el tabaco, nuevos sectores de la industria básica intermedia y de los bienes de capital empezaron a ocupar lugares de importancia. Se destacan los metales de base, minerales no metálicos, algunos químicos inorgánicos, el petróleo y sus derivados.

Quizás el cambio más importante del periodo haya sido el que este crecimiento industrial acelerado y sostenido causó en la estructura de la economía colombiana; pasando el sector industrial de representar el 8,9 por ciento del Producto Interno Bruto en 1929 a casi doblarse en 1945 con el 16,5 por ciento de toda la producción.


Historia de la creación del banco de la República

Después de varios intentos, en junio de 1880 el Gobierno creó el Banco Nacional, para que actuara como su banquero y promoviera el crédito público. La función de banquero consistía en prestar al Gobierno los servicios de consignación de los fondos públicos o de Tesorería, crédito, colaboración en la contratación de préstamos internos y externos y la administración de los títulos de deuda pública. También había sido encargado de la emisión de billetes. Pero en 1894 debió ser liquidado por el Congreso, debido a excesos registrados en la capacidad de emisión. Años más tarde fue creado el Banco Central de Colombia, el cual funcionó de 1905 a 1909, y luego fue liquidado por idénticas razones que el anterior.

La primera Guerra Mundial trajo a Colombia graves dificultades económicas y financieras que no mejoraron con el advenimiento de la paz. Las perspectivas de las entidades bancarias durante las dos primeras décadas del siglo XX no eran halagüeñas por el desorden monetario existente: se emitía dinero sin control y las reservas de los bancos estaban dispersas. Además se carecía de un sistema formal de garantías y respaldo gubernamental para los bancos.

La anterior situación precipitó la crisis de los años 1922 y 1923 que evidenció la escasez de medio circulante. Se hacía apremiante la necesidad de dar solidez y estabilidad a la moneda y al crédito mediante un banco central sólido y consistente.

 

La Misión Kemmerer

En marzo de 1923, el presidente Pedro Nel Ospina contrató un grupo de expertos presidido por el profesor Edwin Walter Kemmerer, que más tarde se llamó la Misión Kemmerer. La primera actividad de esta misión fue el estudio de nuestra realidad económica mediante el contacto y discusión con cámaras de comercio, sociedades de agricultores y agentes oficiosos regionales. Luego, sin que se tratara de un trasplante de normas y organización vigentes en otras economías ni de innovación total, la misión condujo al ordenamiento de lo aprovechable en las leyes dictadas el año anterior, como base para la elaboración del estatuto orgánico de la entidad que iba a nacer.


Creación del Banco de la República

Mediante la Ley 25 de 1923 se creó el Banco de la República, como banco central colombiano. Se organizó como sociedad anónima con un capital original de $10 millones oro, de los cuales un 50% lo aportó el Gobierno y la diferencia los bancos comerciales nacionales, extranjeros y algunos particulares. A esta entidad se le confió, en forma exclusiva, la facultad de emitir la moneda legal colombiana, se le autorizó para actuar como prestamista de última instancia, administrar las reservas internacionales del país, y actuar como banquero del Gobierno. La Junta Directiva del Banco, conformada por 10 miembros, representantes del sector privado y del Gobierno, fue encargada por la misma Ley, de ejercer las funciones de regulación y control monetario bajo estrictos parámetros de ortodoxia financiera. Se le encomendó, además, fijar la tasa de descuento y la intervención para controlar las tasas de interés.

La creación del Banco de la República constituye un elemento fundamental en la organización económica e institucional del país. Con el paso de los años, esta institución ha experimentado cambios importantes que han buscado adecuarla a una economía en permanente proceso de crecimiento y actualización.





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